jueves, 19 de noviembre de 2009

Los Dioses Abandonan a Antonio

20 de noviembre de 2009
Thamel, Bahadur Bhawan
Kathmandu
Nepal
Mes 6.4


Los Dioses Abandonan a Antonio

Cuando de pronto, a medianoche, oigas
pasar el tropel invisible, las voces cristalinas,
la música embriagadora de sus coros,
sabrás que la Fortuna te abandona, que la esperanza
cae, que toda una vida de deseos
se deshace en humo. ¡Ah, no sufras
por algo que ya excede el desengaño!
Como un hombre desde hace tiempo preparado,
Saluda con valor a Alejandría que se marcha.
Y no te engañes, no digas
que era un sueño, que tus oídos te confunden,
quedan las súplicas y las lamentaciones para los cobardes,
deja volar las vanas esperanzas,
y como un hombre desde hace tiempo preparado,
deliberadamente, con un orgullo y una resignación
dignos de ti y de la ciudad
asómate a la ventana abierta
para beber, más allá del desengaño,
la última embriaguez de ese tropel divino,
y saluda, saluda a Alejandría que se marcha.

Constantin Cavafis


Primero las noticias agrias. Hoy me presenté ante las autoridades de la embajada de la India en Katmandú. Aparentemente la visa que yo tenía era especial, pero nadie me lo había dicho. Parece ser que la visa que yo tenía me permitía entre otras cosas trabajar legalmente, y yo pensaba que lo estaba haciendo de forma ilegal. Podía también ser renovada cada seis meses sin salir de la India, no sé ante qué autoridad había que presentarse, eso sí. Cuestión que ahora me anularon esa visa y me dieron una visa normal de turista con una duración máxima de tres meses. Yo pedía seis. Así que me quedé desconcertado. Es muy pronto para decir si es una buena noticia o una noticia mala, pero seguro que al cabo de esos tres meses dejaré la India.
Esta noche y a la mañana había habido presagios de que las cosas no saldrían como yo esperaba.
Sorprendentemente, mientras escribo esto, en un lindo bolichito donde sirven una sopa fabulosa, suena Mercedes Sosa cantando Alfonsina y el mar, de Féliz Luna. Triste y final. Argentina. Pucha con las coincidencias. Y sí, es un ciclo que termina.

En compensación, el tío Leo, con su delicadeza, bondad, consideración y generosidad habitual me compró pasajes de avión de Katmandú a Delhi y de Delhi a Udaipur, así no tenía que repetir la experiencia de Odiseo. Con tacto delicado no me consultó, compró y mandó. Cómo decir que no. Y viene tan bien, es tan reconfortante no volver, además de derrotado, plegado. Mil gracias querido, de corazón.

Y sigue cantando la negra... la cigarra, sólo le pido a dios, y sigue y sigue, desde donde esté, canta en vivo, con León Gieco y con Charly García. Canta cuando ya me empiece a quedar sólo., canta volver a los diecisiete.
En fin, falta sólo que se largue a llover y que me llame mi madre por teléfono. No hay nada que hacer, por más lejos que me vaya soy porteño y la melancolía tiene un gusto dulce también para mí, la evito, me escapo, le quito el cuerpo, pero, como dice mi viejo “al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen”

Gordo Kury

miércoles, 18 de noviembre de 2009

el canto del feriante

19 de noviembre de 2009
Thamel, Bahadur Bhawan
Kathmandu
Nepal
Mes 6.3

al caminar entre la gente
sin apuro
me paro a conversar del sol del aire
y de los siglos venideros
oh los placeres de mi nueva habitación
de la mano amistosa que retiene la mía
conozco el fuego de la pequeña cocina
y otras llamas más sorpresivas
que abaten nuestros sentidos
conozco conozco otros barcos otras piedras
otros reflejos de luz y plata
pero llevo con placer al nuevo albergue
la ristra de cebollas una esquela
y el canto del feriante
los ojos muy pintados de la niña
y la amapola

Edgar Bayley, La amapola



El lunes estuve a las cuatro de la madrugada en la puerta de la embajada de la India. Como estaba avisado de que habitualmente la demanda de visas supera grandemente la capacidad de la embajada, me abrigué y estuve ahí varias horas antes de que abrieran. Me llevé un libro de matemáticas que estoy estudiando y que me tiene fascinado así que el tiempo voló. Un perro-lagarto de los Himalayas se hizo ovillo en el suelo recostándose en mi pierna izquierda. Por más de dos horas fui el único en la fila, el segundo llegó seis y media, así que puede ser que haya exagerado un poquito, como de costumbre. Montando guardia en la arbolada calle había dos soldados con casco y fusil, un fusil igual al FAL argentino. Se pusieron a conversar conmigo, sorprendidos de verme ahí a esas horas y estudiando matemáticas. Resulta que no eran soldados del ejército ¡esa es la policía! Muy buenos pibes, de veinte años uno y diecinueve el otro. El de veinte peleó en la guerra civil que terminó el año pasado, que terminó más o menos.
En la cola me hice amigo de un francés, Ben, y un italiano, Andrea. Increíble la afinidad, viniendo de lugares y vidas tan distintas teníamos, sin embargo, tanto que ver. Después de terminar nuestros trámites nos fuimos a desayunar a un lugar precioso y caro, después a dar unas vueltas y vuelta a comer porque el frío te da hambre, a un bolichón bueno y barato. Cada gaucho a su rancho y a la noche a otro bolichito muy lindo con otra gente que conocimos. Bueno, sí, todas niñas y nosotros tres. La pasamos bien, comimos, nos reímos, hablamos de mil cosas. Me fui temprano con Ben. Yo porque estaba cansado y él porque estaba de mal de amores, la novia francesa lo dejó por un nepalí buenmosísimo que para colmo de males estaba en el mismo bar, sin Roxanne, y se juntó a nosotros. Para desastre absoluto resultó ser un muy buen tipo y muy tranquilo y buena onda, pobre Ben, no le dejaron ni el odio para defenderse.
Yo pasé mala noche. El viaje me había debilitado y el frío abrió las puertas a enemigos invisibles. Fiebre, catarro, leve dolor de garganta. Nada. Ayuno y reposo. Hoy estoy bien. Me tomó todo el martes y el miércoles reponerme y hoy, jueves, voy a andar tranquilito para no forzar la máquina. Lamento que perdí unos días de los pocos que tengo para ver Nepal, pero el descanso me vino muy bien y estoy seguro de que volveré, este lugar me encanta.
El poema de Edgar Bayley resume muy bien lo que siento cuando camino por las callecitas de Katmandú, que tienen ese no se qué ¿viste?

Gordo Kury

domingo, 15 de noviembre de 2009

Katmandú, segunda mirada









15 de noviembre de 2009
Thamel, Bahadur Bhawan
Kathmandu
Nepal
Mes 6.2


Katmandú, seguda impresión

Francamente, Katmandú es todo lo que esperaba y más. El primer día me di una vuelta cortita por el barrio de mi hotel porque estaba muy cansado y no me pareció gran cosa. Pero ahora que la recorrí más, tengo que reconocer, es espléndida, magnífica, soberbia.
El barrio donde yo estoy está entregado a los hoteles y confiterías para occidentales, al menos de día, y no dice mucho. Pero incluso este mismo barrio, de noche cobra vida propia y es maravilloso y decadente. Me hace acordar mucho a la noche underground de la Buenos Aires de los noventas. Muy decadente y sórdida, pero muy vital también, y agitada. Hay miles y miles de bares y cafetines, bolichitos y fondas. En cada puesto sirven especialidades diferentes y son más o menos baratos, pero con muy buen ambiente, bien atendidos y con comida de muy buena calidad. En muchos bolichitos tocan bandas tibetanas en vivo. Muy buena calidad. Más que nada crooners haciendo covers tranquilos de the doors o the rolling stones, algo de regae también y algunos hits de los ochentas. Muy buenos músicos, y me sorprendió muchísimo que tocaran esa música y lo hicieran tan pero tan bien, no me lo esperaba porque no es algo que en la India se vea. El ambiente en los barsitos es muy lindo, con mucha gente de más de cincuenta y más de sesenta también a la que se le nota que son trotamundos desde chicos, que no es la primera vez que están por acá. Muchos franceses y belgas. Tipos con espléndidas barbas blancas fumando en pipa en la barra. Gente de todos lados y de todos los colores y tipos. Muchos locales, gurkas, tibetanos, sherpas, kashemires, incluso vi dos sirios que estarían reclutando trabajadores para medio oriente o quién sabe si reclutando para otros fines, ellos sabrán, yo no quise preguntar. Gente muy joven también hay, de veinte años, muy jovencitos. Lo que hay menos es gente de mi edad, vaya uno a saber porqué. Bueno, mezclado con el ambiente de bares, bachas, bachatas, hay también tugurios de mala muerte donde ofrecen un espectáculo que llaman shower dance, baile en la ducha, o con la ducha o de la ducha, no sé ni quiero saber. Vendedores de hachís por doquier, como moscas, me tienen harto, excuse me sir, hachis? al menos son educaditos los malditos. Y también algún grupo de chicos pobres tocando la triste gaita del poxirrán, sí, acá también, una tristeza total.
Hoy por la mañana anduve caminando por otras áreas más alejadas de mi hotel. Este lugar es fantástico, la gente es muy agradable, las chicas son de mirarte fijo, cosa que me asustó un poco porque los últimos 6 meses los pasé en la India donde eso es casi imposible. Gente muy graciosa, simpática, se la ve sana. Son chiquititos en general, de uno sesenta los varones y las chicas un poco menos, con cuerpos enjutos y fuertes, compactos.
Mucha venta en las calles de todo tipo de comida, algunas cosas muy tentadoras, casas de té divinas, mucho comercio de seda a cargo de los kashemires, esculturas de bronce muy bien terminadas, antigüedades, lindas cosas, más lindas en general, de mejor calidad de lo que se encuentra normalmente en la india, menos truchada se ve.
Lo que sí, Katmandú es tirando a mugrienta. No parece haber servicio de recolección de basura, así que la van juntando en montones y a la nochecita la queman, pero mientras está ahí. Las calles son de bloques de piedra y tierra en su mayoría, y están cubiertas casi totalmente de escupitajos. Escupir es afición nacional como en la India.
Muchos perros de la calle. Lindos bichos, de tan fuleros. Son todos muy parecidos y raros, podrían ser una raza: el perro lagarto de los Himalayas. Son cabezones y con los ojos saltones. El cogote, compacto y fuerte, es corvo. El tronco muy largo y las patitas cortas y hacia afuera. Caminan como ondulando. La verdad es que son preciosos de tan feos, parecen esas esculturas chinas de perros quimera, pero son de verdad. Los deben tratar muy bien porque andan tranquilos y son muy dados, no como los de Udaipur que andan toda la noche ladrando como desaforados y que de día son desconfiados, asustadizos y traicioneros. Claro, en la India no los tratan nada bien pobres bichitos.
Me enteré de que acá también está prohibido matar vacas, hay una pena de dos años en prisión y parece ser que la cárcel acá no es chiste. A resultas de esto se ven vacas viejas, que yo, viniendo de uno de los mayores productores de carne del mundo, nunca había visto, son lindas las vaquitas. La raza que vi por acá es bastante peluda y con cuernos cortos. Con pinta de lechera pero no flaca ni huesuda, robusta.
En fin, el frío sigue, en este momento, siendo las dos y media de la tarde hacen 27 grados pero la sensación térmica es de 12, hace un ratito, menos de dos horas la temperatura era de 16, con 4 de sensación térmica. Bueno, subo esto y unas fotos que saqué hoy temprano y me voy a comer unos kothey, momos fritos, que son la especialidad del lugar, una delicia. Por si ayuda se podría decir que el kothey es al momo lo que el spring roll (arrolladito primavera) es al canelone. Uno es hervido, blanco y blando y el otro es frito, doradito y crocante, delicioso.



Gordo Kury

sábado, 14 de noviembre de 2009

odisea de un porteño

14 de noviembre de 2009
Thamel, Bahadur Bhawan
Kathmandu
Nepal
Mes 6


Viaje a Katmandú, odisea de un porteño



Llegué a Katmandú... finalmente. La odisea duró unas 80 horas. Por el camino paré varias horas en Delhi y pude pagar una habitación barata para ducharme, paré otra vez justo después de cruzar la frontera con Nepal e hice lo mismo, así que me mantuve más o menos digno.
Katmandú es más pintoresca que bonita, la parte comercial es igualita, pero igualita a Villa Gesell después de que la arruinaran, así que uno puede ver que fue linda, pero hay que mirar con cariño. La gente sí que es muy agradable. Hay unos pocos que parecen chinos, pero la mayoría son gurkas, hay algunos sherpas también, bastantes kashemires, que son muy pintones, y otros que parecen indios pero se visten distinto. Hay tanta campera de cuero negro que parece un mítin de la CGT de los ochentas y se vende todo tipo de alimento en la calle, frutas y verduras de gran calidad y buen tamaño, no como en la India que venden coliflores, cebollitas y berenjenas diminutos. Variedad de frutas, varios tipos de manzanas incluso y algunas que no había visto nunca. Y venden los chanchos cortados por la mitad, descuartizados y pintados de naranja fluorescente, no es una imagen muy noble del amigo chanchito, tampoco del ser humano, en fin, en todos lados se cuecen habas...
El hotelito que conseguí es muy acogedor, muy cálido y bien atendido y tiene la mejor ducha caliente que me di en años, parece las cataratas del Iguazú pero a temperatura a gatas tolerable. Lo fantástico es que en la puerta del hotel crece alta de unos 4 metros una estrella federal, de cómo llegó a Katmandú, no tengo ni idea. Está flaquita, claro, no es su clima, pero ahí está la loca, plantada, señalando el camino de la federación. El dueño del hotel es un gurka que tendrá unos ochenta y pico, muy querido el viejito.
Bueno, pero así me salteo todo el viaje...
Desde Udaipur no pude comprar los pasajes del itinerario completo porque estaba todo vendido, así que compré sólo el tren gallinero nocturno a Delhi. Normalmente yo hago ese tramo en segunda clase con aire acondicionado, pero como no había lugar me contenté con tercera sleeper, que es casi lo mismo pero en vez de seis personas, uno viaja con nueve. En fin, un poquito más incómodo pero sin mayor inconveniente. A la moto la dejé en el taller para que me la dejen nuevita y le pedí a los vecinos que me rieguen las plantas. Noche de tren sin nada que anotar, dormí largo y tendido y calentito.
Llegando a Delhi, a las cinco y media de la mañana, me tomé un tuc-tuc al otro lado de la ciudad, a la estación de pahargañj, donde está el International Tourist Boureau que vende la reserva que guardan para los turistas. Siempre compré ahí, sin problemas. No esta vez. El señor que me atendió reparó, por primera vez, y siempre me atiende el mismo, en que mi visa no es de turista si no de trabajo o estudio, yo no tenía ni idea de eso, nadie nunca me informó. Las ventajas no las usé nunca y la desventaja es que el ITB no me puede vender si no tengo visa de turista. Eso fue un problema, porque me tuve que cruzar enfrente a la estación a negociar con los piratas de los puestuchos mugrientos que ellos llaman agencia de viajes. Todos, sin excepción tienen colgado algún cartelito tramposo que dice que son parte del ministerio de turismo o agencias del gobierno, o cosas por el estilo, son de lo peor, pero tuve que caer ahí porque otra no tenía. Así que perdí la mañana entera defendiéndome de los cocodrilos. Al final arreglé con uno que me quería cobrar 2400 rupias por el tren cama hasta Gorakhpur, en la frontera. Lo bajé a 1600. Quería que le pagara el 100% contra un papelito que el mismo escribió en su talonario trucho. Le dejé 500 rupias. Me fui para volver unas horas más tarde a buscar mi pasaje real. Mientras me conseguí una habitación y me duché, comí alguna cosita más o menos en ese barrio espantoso que es el Pajargañj, lo peor de Delhi. Cuando volví a la “oficina” lo único que tenían para mí era un pasaje provisorio que decía que yo estaba en lista de espera. Lógico que no les pagué, pero como ya había perdido casi todo el día no podía pedir el dinero e irme, quedamos en que volvía en dos horas y ya tendrían el pasaje confirmado. Así lo hice, pero resulta que antes de pagar, porque ya estoy avisado, revisé todo, y hete aquí que figuraba el precio: 1000 rupias. Le dije que no pensaba pagar ni un centavo más de lo que figuraba en el pasaje. Se puso furioso, me dijo que había pagado por abajo del mostrador para saltar en la lista de espera, se animó a levantar la voz y ponerse de pié, me levanté también y yo medía como tres cabezas más y si quiero gritar grito y si me hacen enojar se me pone la cara como demonio tibetano, así que se amansó rapidito el tarambana. Cuestión que pagué lo que figuraba y me retiré. Muy bien Jorgito Luis, diría mi tía Porota si estuviera con nosotros. Pero no es pa tanto. Ya se verá. Mi tren, que no era ninguna maravilla, salía de Old Delhi, que es un horror de tráfico, así que me monté en un rikshaw (estos sulkis humanos a pedal) y, cuando llegué tenía sólo 40 minutos. El único lugar que, por lo caro, estaba limpio y vacío en esa estación era un mac donals, pecado capital, entré. Me comí una hamburguesa vegetariana y compré otras dos para el viaje. El asunto es que cuando al final me pude subir a mi tren, mi cama había sido vendida también a otra persona ¡por supuesto! pensé, los malditos cretinos del puestucho. Pero no, parece que la autoridad del transporte decretó la emergencia por la sobredemanda y eso habilita a los ferrocarriles a meter dos tipos por litera. Horror.
Lo que viene ahora es difícil de explicar. El tipo que me tocó era del campo, con cara de bueno pero muy rudo en sus movimientos, como quien está acostumbrado a estar siempre en espacios más amplios, y este camarote es lo más parecido a un minisubmarino sobre rieles que se pueda uno imaginar, así que ahí estaba él: elefante en el basar. Venía cargadísimo además y tuvo que apilar cajas enormes llenas de paquetes de frutos secos, higos, orejones, castañas de cajú, todo ese tipo de cosas que seguro que había comprado en Delhi para vender en sus pagos. Lo increíble es que era exactamente igual a mi tío Patacho, pero igual eh, calcado, como un clon, pero un clon gordo, oscuro y retacón, y muy poco fino, sacando eso era igual. Eso es lo difícil de explicar porque Patacho es gallardo, rubión y con los ojos azul claro, pero es así, creer o reventar, era el clon de Patacho, pero indio. Best quality como dicen acá. Bueno, con el clon tuve que sentar los principios básicos del espacio vital de forma rápida, brutal, clara e indolora. Cuando el hombre se empezó a abrir paso a los codazos y empujones recibió una fuerza de intensidad un poco más contundente pero en sentido contrario de forma que quedó claro que no convenía forzar la confianza. El gordo Kury al mejor estilo primera escena de película carcelaria, pero es así, espero que mi madre no se avergüence, pues así es la cosa en el brutal mundo de la guerra de los clones, o te comunicás o te comunican.
Así pasamos medio apretados la primera horita o cosa así, del viaje, pero cuando apareció el revisor, le pedí otra ubicación mostrándole que por el largo de mis piernas la situación era poco menos que criminal. Yo pensé que estaba apelando a la lubricada corrupción, pero no, el hombre me consiguió una cucheta y se fue sin esperar la recompensa que yo ya tenía preparada, bien por el tipo, vergüenza para mí. Bueno, con la vergüenza esa me pagué la siguiente ducha así que no me dolió tanto el orgullo.
Doce horas después llegábamos a Gorakhpur y en pocos minutos yo estaba arriba de un destartaladísimo local bus que podría ser igual una guagua bogotana o un colectivo de línea del gran Buenos Aires. Tardó cuatro horas, pero me dejó en la frontera de Sonauli. Por el camino espectacular y peligrosísimo vi monos y ciervos, selva y rastrojo quemado y una cosa que me llamó muchísimo la atención: emparchan los baches sin cortar el tránsito. Una cosa rarísima, largan el alquitrán directo sobre los baches y arriba le tiran paja, no sé si para dar fibra o para que se seque más rápido o para qué, pero la cuestión es que funciona. No lo apisonan, los propios camiones lo hacen gratis al pasar, la cuadrilla son tres tipos una carretilla y un par de latitas.
A las cuatro horas el local bus me dejó en Sonauli, que parece un puerto pirata de la Guerra de las Galaxias, una especie de Tatween, pero sin tecnología. Me apuré a conseguir otro rikshaw que me orientara un poco y el tipo me llevó directamente a la oficina de aduanas de la parte india. Por el camino insistió tanto en que me convenía cambiar todo el dinero indio que tuviera que desconfié y le dije educadamente que no, unas ochentaycincomilquinientas veces, Dios, qué insistentes que son los indios, un infierno. La aduana india es una mesa de madera con un tipo que recoge tu pasaporte y te da los papeles para llenar, otro que te sella el pasaporte y otro que te lo da. El que me dio el pasaporte me dijo en confidencia, porque parece que de pronto este oficial de la aduana era mi mejor amigo, que me convenía cambiar todo el dinero indio que tuviera porque es, atenti, ilegal ingresar rupias indias al Nepal ¿ilegal? le pregunté. Sí. sí, cambio chico podés entrar pero billetes grandes no porque hay un retén a pocos kilómetros de la frontera y si te encuentran rupias te las van a incautar, así que haceme caso y andá con el buen muchacho del rikshaw que te quiere ayudar. Muy amable señor, le dije, pero ahora, más alertado que nunca, me los tomé como el India Last Stand, y le dije al del rikshaw que me cruzara para el otro lado. Mientras el muchacho insistía un par de veces más el funcionario cruzó la calle y me aconsejó de nuevo. Fue demasiado, me bajé del rikshaw y le dije, macanudo pibe, no me querés llevar a donde voy, no cobrás ta luego y que te garúe finito. Compungido se resignó a llevarme a la aduana nepalí. Lo primero que pregunté fue si eso de las rupias ilegales iba en serio o era un cuento indio, se rieron con ganas los nepalíes: cuento indio. Y eso es lo primero que uno nota al cruzar la frontera, un alivio que uno primero no sabe que es y de repente aparece clarito: nadie te está empujando ni tocando ni queriéndote meter en un negocio, ufff, gracias a dios, estoy en Nepal.
Me compré el pasaje a Katmandú y me alquilé una habitación barata para ducharme y cambiarme otra vez la ropa, comí alguna cosa mientras en las noticias del mediodía mostraban manifestaciones multitudinarias en la capital y ya era casi la hora de la partida. Oh, el cacharro este era de terror, y yo que pensaba que algo peor que lo que me llevó de Gorakhpur a Sonauli no podía existir. Existe. Es una especie de celda guantanamera sobre ruedas. El techo debe estar a un 1,65 m así que de pié yo, ni pensar. Pero para peor entre asiento y asiento la medida es menor al largo de mi fémur, sin contar cadera ni rodilla. Más de 12 horas en esa cafetera. Para colmo en el techo hay cuatro lámparas enormes, una verde, una amarilla, una roja y una naranja, y por dentro es todo espejado. Parece el sueño de un solterón de los años 70s, le faltan nomás los sillones de símil cuero de color marrón rojizo y la licorera. El conductor, se supo, siente debilidad por la música india de la peor calidad, y nos martirizó durante todo el viaje con el único volumen que hay en la india: el máximo. Sí, el chofer era indio, paciencia. Tuve la enorme suerte de que a mi lado fuera sentada una señora italiana de 48 años, muy agradable, con la que nos hicimos amigos en la desgracia. Ella es monja en un ashram. Como yo hablo italiano más o menos bien, nos divertimos mucho y como tenía mi lector de mp3 cargado de música italiana fuimos matizando la música india con Franco Battiato, Paolo Conte y el inmortal Carusso. Nos divertimos, pero hace un frío acá en los Himalayas en pleno invierno, un frío. En el camino paramos mil veces por mil problemas distintos, retenes militares, accidentes, falta de infraestructura con caminos llenos de cráteres y de un único carril por tramos pero con doble circulación. Todo de noche y por caminos de cornisa ¡molto pericoloso! En varias paraditas que hicimos nos pudimos tomar unas sopas calentitas por muy poca plata para mantener el espíritu.
En fin, el asunto es que llegué bien, a las 6 am, conseguí el hotel divino que me habían recomendado, me recontraduché en las hirvientes cataratas del Iguazú, me cambié y me fui a regalar con un paseo matilnal y un enorme desayuno. Frente a mí en la cafetería estaba sentado el clon indio de Manuel Antonio Noriega, el ex agente de la Cia, probable asesino de Torrijos, ex dictador y entregador de Panamá, ex narcotraficante, ex presidente y próximamente ex convicto. Ahí estaba, el mismísimo Noriega, en clon nepalí.
Después de mi desayunazo volví menos congelado, me di otra duchita caliente y me metí a la cama bien tapado para una siesta divina. Hoy no me queda otra que descansar porque no son todavía las 6 de la tarde y ya es noche cerrada y hace un frío que ni te cuento, mañana será otro día.



Gordo Kury

domingo, 8 de noviembre de 2009

Camino de Kathmandú: la epopeya de un gaucho en los Himalayas

8 de noviembre de 2009
Rám Purá
Udaipur
Mes 6


A Kathmandú: la epopeya de un gaucho en los Himalayas

Finalmente mi permiso de estadía de seis meses en la India está a punto de expirar, señal que, junto con el pelo que me ha crecido desparejo hasta dejarme parecido a un oso flaco, me marcan el paso de los meses.
En unos días más, el miércoles 11 comienza el épico camino a Kathmandú para mí. A las 6 de la tarde del miércoles estaré ya esperando a que arranque mi tren a Dheli. Sin lujos, el viejo tren gallinero que ya me conozco bien, me dejará a las 5 de la mañana en la capital. Como los trenes están todos con ocupación completa, tendré que encontrar algún omnibus (autobús) a la frontera. Espero conseguir algo decente que me deje en Sonali o en Gorakhpur antes de que caiga la noche del jueves. Si llego muy tarde cruzaré la frontera, pagando mi visa para Nepal a los gendarmes, que es el procedimiento estándar, y buscaré una posada para pernoctar. Al día siguiente me montaré en otro omnibus, esta vez del gobierno nepali, para llegar a Kathmandú, espero, antes de que caiga una nueva noche. Conseguiré alojamiento y ducha, comidita caliente y el lunes 16 me presentaré bien afeitado y planchado ante las autoridades de la embajada india en Nepal para solicitar una nueva visa por otros seis meses. Lo normal es que la concedan. Para los argentinos es gratuita por un convenio bilateral. Demora al menos 7 días, así que durante ese tiempo pasearé un poco por este país que es lo más parecido a un Macondo de los Himalayas. Tiene, por ejemplo, dos ejércitos con mandos distintos, uno es el ejército nacional, que perdió la guerra civil pero no fue desmantelado y el otro es lo que era la guerrilla maoista, que ganó pero sin la fuerza o la presencia suficiente como para gobernar. Según me cuentan, en huelgas y piquetes la Argentina saldría medalla de bronce y Nepal se llevaría la de oro y la de plata. En todas las disciplinas olímpicas del conflicto social Nepal es campeón indiscutido. Lanzamiento de piedras y cócteles molotov, voladura de infraestructura, levantamiento de ripio (asfalto parece que ya no se molestan en poner), lluvia de gases lacrimógenos, masacres de campesinos. En fin, la vieja y siempre activa lucha de clases a plena potencia. El autor se encomienda a la fe de los lectores y les solicita prender sendas velitas a la Vírgen y a todos los Santos. Religiones minoritarias son también muy bienvenidas, y supersticiones varias mejor que mejor.
Para alivio de mi madre y defraudación de mis enemigos aclaro que, según me cuentan, todas las partes en conflicto reconocen la necesidad de proteger la decadente industria del turismo y por lo tanto no tocan a los extranjeros ni los retrasan, al parecer los portadores de pieles claritas tienen un salvoconducto asegurado. Se verá


Gordo Kury

domingo, 25 de octubre de 2009

Engayolados

















26 de octubre de 2009
Udaipur Central Prison
Udaipur
Mes 5


En gayola

Ayer tuve el privilegio de participar en un evento muy interesante. La gente de un grupo religioso hindú invitó a mi profesor de bansuri a hacer un recital en la cárcel para los presos, él me invitó a mí y fuimos. La experiencia fue muy linda, muy positiva, me da la impresión de que fue como mínimo una distracción para los mil y pico de presos que pudieron asistir y para nosotros fue más que interesante.
Viniendo de Sudamérica lógicamente uno espera de la cárcel algo más que mero confinamiento, uno se ha acostumbrado a pensar en la cárcel como una suma espantosa de castigos legales, ilegales, burocráticos, especiales, colectivos, individuales, físicos, espirituales, institucionales, personales, caprichosos, perversos. Merecidos o no, ese no es mi interés y no tengo ni cómo empezar a pensar en esos términos. Pero sí que uno espera encontrar miseria, inmoralidad, gente destrozada por sí misma, por sus actos, por la sociedad como máquina, por algún carcelero tan destrozado y tan a una vez víctima y victimario como los internos, en fin, el infierno más horroroso e impensable, el último lugar donde uno querría entrar es una cárcel en Sudamérica ¿no? sin distinción de países que ahí no hay muchos matices, la Argentina europea del mito se derrumba convulsa en sus propias perversiones, en la Argentina mejicana, turca, la Argentina africana, en cada “correccional”. No se tome esto como una declamación puritana, que no hay ninguna intención de pontificar, sólo quiero comparar lo que tenía en mi mente con lo que vi ayer en la cárcel central de Udaipur.

Bueno, antes que nada, es una cárcel, así que uno se alegra de poder salir. Sin embargo hay muchas diferencias. El clima general no es deprimente, el edificio en sí es una especie de fortaleza con un enorme patio interior de tierra, abierta al cielo y muy arbolada. El lugar es aceptablemente limpio, al menos tan limpio como el propio barrio en el que está.
Así como uno puede decir si un perro es maltratado, lo mismo lo vería, pienso, en un ser humano. No me dio esa impresión. Los presos están todo el día en el patio conversando entre ellos y a las seis de la tarde, ahí sí, los mandan a las celdas. Francamente, me pareció que el castigo que padecen es el no poder salir de la prisión, pero no mucho más que eso, el ambiente recuerda más a una escuela secundaria (que no es tampoco un ambiente muy sano ni muy libre, ni nada de eso ¿no?), uno ve mil hombres institucionalizados, no es una cosa linda de ver ni de desear, pero no parecía nada diferente de un ejército indisciplinado y desalineado. La institucionalización forzosa, la falta de libertad, es una cosa tremenda, pero, sinceramente, es la vida de mucha gente afuera de esas paredes también, prisioneros sin paredes, presos de muchas fuerzas que no ven. En fin, derivo en pensamientos que pueden parecer bobadas así que vamos a la descripción directa, me disculpo por las disgresiones, es que es algo que te hace pensar mucho.

Al entrar no nos cachearon, no revisaron las carteras ni los bolsos, no pasamos por ningún detector de metales, simplemente nos pidieron los teléfonos celulares y los cargadores si teníamos, nada más. Nos pusieron un sello en el antebrazo para que pudiéramos salir después y nos dejaron entrar., sin guardias que nos acompañaran Entramos directo al patio central donde los presos estaban caminando, o sentados, o charlando, sin aparente restricción. Algunos se vinieron a conversar con nosotros inmediatamente, no estábamos rodeados de policías ni nada de eso, era como estar en el mercado, nada especial, sólo que no había mujeres, pero eso es común en varias zonas u horarios en la India, las mujeres no están en público todo el tiempo ni en cualquier lugar y en muchos momentos uno puede mirar alrededor y no ver ni una sola. En el patio había sólo tres guardias de uniforme y dos más en unas torres, al menos que yo pudiera ver. Estaban relajados conversando entre ellos bastante lejos de nosotros. El personal jerárquico no usa uniforme, pero sí lleva una especie de batuta que funciona muy bien como símbolo de autoridad.
En total habremos estado unas tres horas, pero como en todo momento estuvimos en contacto directo, incluso físico con los prisioneros, porque algún preso nos dio la mano y algún otro un abrazo, la impresión que me llevo es que no es un lugar de perversión y destrucción. Me hago cargo de que tres horitas no es suficiente para una visión verdadera.
Una diferencia enorme con lo que tenía en la imaginación es que están al aire libre casi todo el día en un lugar amplísimo y la cárcel no está superpoblada, incluso está menos superpoblada que los barrios.
El recital fue bien, la gente lo disfrutó, y para nosotros, al menos para mí, fue una cosa linda de hacer.
Al terminar el director nos llevó a recorrer las instalaciones con su batuta. El director y nosotros, ninguna guardia especial, caminando en medio de los presos como quien camina por las ramblas de Barcelona o por Lavalle en Buenos Aires, ningún problema, los presos saludando, sonriendo, qué puedo decir, es lo que vi, por surrealista que parezca.
Me dejaron filmar y sacar fotos libremente, salvo una única restricción: el área de máxima seguridad. Cuando entramos a esa parte, donde tienen metidos a unos 100 tipos, ahí sí que es un lugar espantoso y deprimente como las cárceles nuestras. Los presos están en unas celdas pestilentes, sin luz natural ni ventilación, bastante apretados. Las jaulas dan a un patio del tamaño de un potrero, piso de cemento alizado y cielo raso, están, como diríamos en la Argentina, a la sombra. Esto sí es igualito a aquella canción de Baglietto, “Mirta, de regreso”, igualito, siniestro, espantoso. Cuando salíamos del pabellón de máxima seguridad uno de los presos me dijo en inglés nos vemos... Uy, escalofriante, me miré el sello en el antebrazo y seguía ahí, menos mal.

Quiero dejar una reflexión de Aldous Huxley, extraída de Brave New World, un Mundo Feliz, de 1958:
"It is perfectly possible for a man to be out of prison, and yet not free - to be under no physical constraint and yet to be a psychological captive, compelled to think, feel and act as the representatives of the national state, or of some private interest within the nation, wants him to think, feel and act".
"Es perfectamente posible para un hombre estar fuera de la cárcel, y aún así no ser libre - no estar bajo ninguna restricción física y, sin embargo, ser un prisionero psicológico, forzado a pensar, sentir y actuar como los representantes del Estado Nacional, o algún interés privado de dentro de la nación, quieren que piense, sienta y actúe".
"The nature of psychological compulsion is such that those who act under constraint remain under the impression that they are acting on their own initiative. The victim of mind-manipulation does not know that he is a victim. To him the walls of his prison are invisible, and he believes himself to be free. That he is not free is apparent only to other people. His servitude is strictly objective".
"La naturaleza de la compulsión psicológica es tal que quienes actúan bajo coacción permanecen bajo la impresión de que actúan por iniciativa propia. La víctima de manipulación mental no sabe que es una víctima. Para ella, los muros de su prisión son invisibles, y se cree libre. Su falta de libertad sólo es evidente para otras personas. Su servidumbre es estrictamente objetiva."

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Gordo Kury

sábado, 24 de octubre de 2009

nueva etapa

24 de octubre de 2009
Rám Purá
Udaipur
Mes 5

Questo secolo oramai alla fine, sàturo di parassiti senza dignità, mi spinge solo ad essere migliore, con più volontà




Dura lección recibí en los últimos tiempos. Conmovido por la pobreza en que vive la familia de un amigo indio le di un dinero equivalente a casi 5 meses de su salario para que pudiera empezar su propio negocio. Big mistake. Después de muchas vueltas, esta semana consiguió otro fajo de dinero de un alemán del que me hice muy amigo también y que es un gran tipo, Jörg, a él le hizo el cuento de que tiene que operar del corazón a su hijo y no hay dinero para la operación, ahí nomás Jörg ayudó con una buena cantidad. El amigo indio, que no nombro, pidió también un adelanto de varios meses de su salario y desapareció, se rajó a las cuatro y media de la madrugada, como un delincuente. Entre otras cosas se llevó mi heladera porque se la había prestado por unos días. En fin, ánimo, el costo de la lección es asimilable, al menos el económico, el emocional es duro, pero deja una enseñanza importante. Ahora ¡qué didáctica caramba!

En fin, a otra cosa, que hace mucho que no escribo acá y tengo mucho en el tintero.
Primero la actualidad, que para las anécdotas ya habrá tiempo. Estos últimos meses estuve estudiando medio en secreto música clásica de la India. Clases de dos horas por día, todos los días, con un buen profesor, más práctica y estudio en casa. Mi instrumento es el bansuri, una flauta de bambú que me tiene enamorado. En poco tiempo tuve buenos resultados y ya la flauta me paga las clases, porque me contrataron en un hotel cinco estrellas para tocar cada día durante el desayuno y me pagan por media hora lo mismo que yo pago por dos horas de clase, así que salió, kármicamente, redondo. Me estoy levantando a las 5 de la mañana para tener tiempo de hacer mis prácticas de Yôga y de bansuri y salir en la burra, mi suzuki C100 azul, atravesando montañas y campos para llegar a tiempo al Fateh Garth Hotel. El lugar es precioso, es un santuario ecológico y está todo alimentado con energía eólica y solar. En la cima de la montaña más alta de su área, tiene una vista de sueño, sobre todo a la mañana con la bruma cubriendo los valles y durante las noches de luna llena (toqué en alguna fiesta también).
Y por las tardes estoy enseñando Swásthya Yôga en una ONG que se llama Seva Mandir. Un lindo grupo de 15 jóvenes de menos de 30, europeos, australianos, neozelandeses y estadounidenses. Todos están en Udaipur para ayudar con el desarrollo rural y el fortalecimiento de la autoridad de las mujeres. Muy linda gente, con muy buenas intenciones y mucho entusiasmo.
Así que estoy enseñando Yôga en la India ¿qué tal? al menos una nota al margen merecerá el dato ¿no? Estoy contento.
El hindi va mejorando también y la casa se va poniendo cada vez más linda. Ya mi huerta me da espinacas y los tomates y porotos van prometiendo pronta entrega.
La lluvia desapareció hace como un mes ya para no volver hasta el próximo año y el frío viene cada noche y se va tarde por la mañana, el resto del día es cálido, pero ya me conseguí unas mantas y para la moto calzo la campera verde que me dejó mi viejo cuando estuvo de visita.
Estoy tan flaco y con la piel tan curtida que parezco indio casi, pero sin la gracia ¡ánimo!
Bueno, primera entrega de la nueva etapa, por fuerza sucinta para agarrar la costumbre de nuevo, espero que sea bienvenida.


Gordo Kury